No entiendo otra forma de ser, de sentir y respirar; me deshago en un charco de agua marchita.
Debo de callar antes de hablar, de calzarme los zapatos sin pasión y andar en silencio; sin ruido en mi corazón.
Y así, cogiendo la puerta de la vida con cuidado, cerrarla y que nada perturbe tus sueños; ya lacio mi pelo, ya mi mente añada.
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