Estoy abrazado a ti, rodeando mi brazo tu fragilidad; necesito atrapar el tiempo en tu compañía, con los ojos cerca, los labios unidos, las manos pegadas, los cuerpos cosidos y ese nexo que es el sudor de ambos, mi codicia de tu flujo; tú avaricia láctea.
No oímos, ni vemos, no hablamos, no sentimos ni padecemos salvo la febril actividad de abrazarnos hasta quedar soldados y traspasados. Y damos solución a la ecuación; somos uno y ocupamos el mismo tiempo durante el mismo espacio.
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