He nacido a la vida repleto de amor, acumulado durantes largos años; y aquellas tardes juveniles, henchido de sentimientos contradictorios, de existencia sin luz.
Llegaste y comprendí.
Que la vida es puro amor, que los ojos miran dentro, que las manos ven; y la piel habla sencillamente de amor. Que todo nuestro ser se hizo para amar, que la finalidad de la vida no es otra: amar, amar.
Sorber ese dulce del fondo de ti.
Y llegar a la esencia física, ser un apéndice, un nadie, arrojado al calor del sexo. Una tormenta de mordiscos y jadeos, que resuenan en la tarde más apacible que puedas imaginar.
Todo lo hacemos deseo, venganza de saciar; hasta el último hombre, aliento y suspiro.
Quietud, con media sonrisa y tres cuartos de caricias. Hasta el último hombre, aliento y suspiro.
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