Existo yo, para sentarme a la vera de tu piel, del balcón de tus ojos; y gustarme.
Y buscar hondamente, a plenitud; días llenos de deseo, cálido y esponjoso.
El cómo, es secreto, secreto de dos. El cuando, es pájaro del lucero o ave nocturna; silente, callado, palpitando por debajo de nosotros; entonces oyes el por qué.
Y toda la energía del ser uno se arremolina; en azúcar, dulce puñado, y esencia de mi esencia.
No quieres ver, si hoy o ayer moriremos locos, sin habla de tanto hablar; tu mano atesora mi ser.
Existo yo, cada vez menos en mi; cada poco, todo, en ti.
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